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Columnistas invitados

Buffet digital6 min read

Un breve paseo por las calles de la internet es suficiente para darnos cuenta de lo peligroso que puede ser este concurrido barrio.

Frank Martí

#YoEscriboEnLeonardo

Frank Martí inaugura su columna de entregas quincenales con un artículo inteligente, agudo y fácil de leer. Comunicador creativo, Frank es cofundador y director creativo de Newnormal, un estudio creativo interdisciplinario. Ha desempeñado su carrera en agencias de publicidad como Fahrenheit DDB, Circus Grey, McCann Lima y Ogilvy Madrid. Asimismo, ha sido profesor de cursos creativos en distintas instituciones, principalmente en Perú. Como publicista ha recibido diversos reconocimientos nacionales e internacionales, como El Ojo de Iberoamérica, El Sol y Cannes Lions.

Hace un par de días iba caminando por el jirón Pinterest, una zona tranquila de la red, supuestamente. Al girar en una esquina, me topé con un promotor de la disco de moda, Tik Tok. Pasé de largo, sin embargo, pocos metros más adelante volvió a aparecer. Al rechazar su flyer una vez más, miró a su alrededor, y con discreción me mostró una llamativa promoción para viajar al destino que precisamente planeaba visitar. Sin darme tiempo a reaccionar, a la vez sacó de un pequeño bolsillo un papelito que prometía “chicas lindas cerca a tu ubicación”. Abrumado por su insistencia, decidí cambiar de rumbo. Esta vez me dirigí a la avenida YouTube. Me senté a disfrutar de una vieja entrevista a un músico que admiro. El mozo me ofreció combinar mi elección con una porción de un concierto poco conocido de inicios de su carrera. Su sugerencia fue tan precisa, que dejé que fluya con sus propuestas. Cuando estaba por aceptar otra de sus irresistibles recomendaciones, no solo me pregunté qué tenían que ver las mejores jugadas de Ronaldinho con la entrevista del inicio, sino que noté que ya no tenía más tiempo con qué pagar.

Es muy fácil caer en las artimañas del cibermundo. No es ninguna novedad hablar del hipnotizante diseño de las redes basado en la psicología humana. Más aún cuando el tema se popularizó hace algunos meses con el documental The Social Dilemma; el cual se puede ver, irónicamente, en una plataforma cuyo CEO afirmó que su principal competencia son las horas de sueño.

Pasarán algunos años hasta que se regule la ética en el asunto, por eso estas líneas no están dedicadas a la economía de la atención (aunque considero saludable una desintoxicación digital, al menos una vez). De hecho, sería extremista desconectarnos por completo y perdernos de las bondades del mundo digital. No avanzaríamos. Sería como quedarnos en las cavernas sin salir a explorar. Sobre todo para quienes consideramos la ‘curiosidad’ como un factor clave en el trabajo creativo.

Si la coyuntura nos ha hecho más propensos a pasar más tiempo ‘en línea’ que en la calle, al menos hagámoslo con la misma astucia con la que nos desplazábamos en la vieja normalidad. Conocíamos los riesgos de cada zona y sabíamos cuando nos querían timar. Estar siempre alertas evitaba que la ciudad nos devore.

Por eso, si estamos atrapados en una seguidilla de videos divertidos de alguna red social, tengamos en cuenta que alguna mente brillante en Silicon Valley programó ciertos algoritmos para que esto suceda exactamente así. Seamos conscientes de que están comercializando nuestro tiempo de atención. Solo navegando despiertos podremos controlar qué elegir y cuándo dejar de hacerlo.

Porque, en primer lugar, si hay algo que todavía podemos controlar, es nuestro tiempo. Cada segundo es valioso, y jamás lo recuperaremos. Siempre habrá mejores formas de invetirlo que viendo un video de un irlandés reaccionando a un video de las mejores reacciones ante el capítulo final de Game of Thrones.

Por otro lado, si estamos dispuestos a derrochar algunas preciadas horas en un banquete de contenido digital, y ya hemos bloqueado nuestra agenda para deslizar la pantalla hasta agotar ese cuarenta y siete por ciento de batería que nos queda; al menos, busquemos un equilibrio en nuestro pedido.

Sí, es difícil cuando la gran mayoría del contenido de Internet está inundado de videos graciosos, memes, gatos tiernos, challenges de bailes, memes, bloopers, compilaciones de lo que sea, memes, discusiones en comentarios o hilos, bromas en cámaras escondidas y también memes. Ya decía Cerati, que sacar belleza de este caos, es virtud. Porque, aceptémoslo, los humanos nos entretenemos fácilmente. Pero si ejercitamos esa consciencia, también podremos controlar ese balance.

Todos los días, en diferentes partes del planeta, alguien está posteando un cuento, subiendo una canción, publicando un estudio o un interesante podcast, estrenando un corto, lanzando un artículo, compartiendo un tutorial, presentando una ilustración o un poema. Se presenta un evento cultural, o una charla gratuita online. Abren algún curso gratis y la larga lista podría continuar. Y a esto sumémosle toda la información que ya está albergada en la web. Tantos megas y minutos de interesante contenido que hasta nos podría abrir un nuevo mundo. Un posible giro a nuestras vidas o simplemente pasar un agradable rato. Algunas líneas de palabras que podrían matar una duda que nos ha perseguido por años, o un dato que meses más tarde germinará en nuestra mente como una suculenta idea.

Es así. Del mismo modo que los alimentos que ingerimos tienen consecuencias en nuestro cuerpo, el contenido que consumimos también lo tiene para nuestra mente. Podemos deshidratarla y llenarla de grasas saturadas, o bien, darle nutrientes para que se desarrolle sanamente.

Tampoco creo que debemos dedicarle nuestro tiempo exclusivamente al contenido saludable. Sería como comer una insípida ensalada todos los días, únicamente por sus propidades. Nos aburriríamos pronto y no nos provocaría probarla de nuevo. Después de todo, nada tan suculento como una buena hamburguesa acompañada de papas fritas y una cerveza helada. Además, poner por un rato nuestro cerebro en “modo avión”, también es un buen descanso. Nuestro subconsciente seguirá procesando.

Por eso quiero hacer hincapié en la palabra equilibrio. De la misma forma que pienso que desconectarnos del todo sería un error, también lo sería si no le diéramos un espacio al ‘fast food’ digital. Desde el punto de vista del taoísmo, podríamos verlo como el yin y el yang, esas dos caras de la misma moneda que son parte de nosotros. Y tampoco nos autoengañemos, que se puede procrastinar más viendo videos de productividad en YouTube que con una maratón de stories. De todos modos, siempre hay opciones que son un buen punto medio, deliciosos platillos saludables.

La próxima vez que vayamos por un buffet digital, estemos atentos. Preguntémonos si estamos consumiendo solo calorías vacías o aún hay espacio para vitaminas. Podemos estar nutriendo nuestras ideas o contaminándolas. Sí, porque como sabrán, también hay frutos venenosos en el peligroso barrio cibernético, pero de eso ya hablaremos otro día.

Nunca es tarde para balancear nuestra dieta.

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