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Entrevistas

Nacimos para impactar e inspirar a ser felices a más personas5 min read

Frank Salcedo, CEO y fundador de Comparte Perú, comenta y celebra los cinco primeros años de esta asociación civil.
#YoEscriboEnLeonardo

Cuando le preguntan a Frank Salcedo (Lima, 1993), cómo se inició Comparte Perú, él hace un ejercicio de memoria para recordar los matices propios de un sueño que hace buen rato se ha hecho realidad.

 

El ahora CEO de la reconocida asociación civil, dice que aquello que lo motivó estuvo inspirado en “querer impactar en la vida de más personas, de que la educación sea igualitaria para todos, en el afán de eliminar la discriminación de las personas en ese ámbito, sea privado o público, y que ambas sean de la misma calidad. Que los estudiantes tengan las mismas oportunidades para desarrollarse y un futuro profesional exitoso”.

“Comparte debe su nombre a un juego de verbos, al hecho mismo de estar siempre en acción: los voluntarios comparten sus habilidades, sus talentos y su tiempo. Empezó como empiezan las cosas destinadas a crecer; de boca en boca, contándole a más y más gente lo que hacíamos y esto a su vez, gracias a nuestra energía e ímpetu, se multiplicaba exponencialmente”, comenta Salcedo.

“Comparte nació con la idea de convertirse en un movimiento voluntario, pero en el camino nos fuimos transformando y llegamos a definir nuestro propósito que es “Inspirar para ser feliz” y no solamente nos quedamos promoviendo el voluntariado en la rama educativa, sino que hemos desplegado otras ramas para atender diferentes problemas que existen en nuestra sociedad. Así, nace la rama de asistencia social en la que, con el voluntariado coyuntural, ejecutamos actividades específicas en el momento que sean necesarias, cuando la comunidad nos necesite. Está también el programa de voluntariado hospitalario que trabaja la salud mental de niños-pacientes internados en hospitales; desarrollamos también el programa o la rama de acción de salud emocional, que es en la que reforzamos el trabajo de los padres y su comunicación asertiva.

Asimismo,  estamos implementando un hermoso programa llamado Wiñay –crecer, en español, que brindará orientación psicológica y el restablecimiento emocional en estudiantes, padres de familia y docentes, permitiéndoles afrontar las dificultades causadas por la pandemia que nos azota”, destaca finalmente al ser requerido sobre el propósito y alcance de Comparte.

¿Cómo te sientes por estos primeros cinco años?  

“Muy feliz y emocionado; hemos logrado cosas que, sinceramente, no pensábamos. Mi equipo está conformado por personas que tienen ‘una vida paralela’ como la llamamos porque deben respetar horarios de oficina en sus trabajos, tienen carga familiar o son el sustento de sus familias  y en Comparte son 100% voluntarios, personas que comparten el tiempo que prácticamente no tienen para pensar, crear, desplegar actividades y además hacer que la organización siga creciendo con trabajo back office.

Los proyectos realizados hasta ahora nos demuestran que esto es más que un sueño, estamos hablando de un impacto real. Escuchar las experiencias de los niños diciendo: “Comparte es lo mejor para mí. Los quiero mucho”o “Comparte es el mejor día de la semana”, es algo increíble.
El hecho de que los niños nos pidan que regresemos o nos pregunten en dónde estaremos el próximo año para pedirles a sus papás que los cambien de colegio, me motiva mucho. Realmente estamos dejando una huella y logrando algo que es muy difícil, impactar positivamente en las vidas de muchos niños y también de muchos padres.”

¿Cuáles han sido los cambios que generó la actual coyuntura?
“Los cambios generan respuestas y en ese camino estamos. Teníamos planificadas una serie de actividades para este año; por ejemplo, queríamos celebrar nuestro quinto aniversario quintuplicando el nivel de impacto logrado y tuvimos que cambiar todo el plan a último momento.
Eso supuso adecuarnos a un despliegue virtual –lo cual no está en el ADN del voluntariado porque es algo que se hace con el corazón y a un corazón no lo puedes leer a través de una computadora. A un corazón lo lees a través de un abrazo, de una sonrisa sincera. Esta nueva forma hizo y sigue haciendo que la confianza en las personas sea la moneda de mayor valor; es el eje sobre el cual giramos. Pero como todo cambio, esto nos abrió un abanico de oportunidades para todo tipo de actores: beneficiarios, nuevos voluntarios y personas de nuestro staff, que ahora no solo se concentran en Lima, viven en todas partes del país. Tenemos, por ejemplo, voluntarios de cinco ciudades trabajando con niños de Lima; practicantes pre profesionales de otros tres lugares diferentes; talento voluntario que proviene de otras tres regiones distintas. La pandemia nos ha quitado cosas, pero nos permitió conocer nuevos corazones”.

¿Cómo ves a Comparte de cara al futuro?

Como un equipo ya consolidado y mejor estructurado. Contando con talento que se dedique exclusivamente a su desarrollo y crecimiento. Siendo referente de voluntariado en el país, Sonando mucho más, impactando, potenciando nuestras dos líneas de ayuda que son la de comunicación asertiva  y educación, acercándola a más niños y trabajando con más colegios brindándoles ayuda para digitalizar la educación.

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