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Columnistas invitados

REVISIÓN AL CINE: CIUDADANO KANE10 min read

#YoEscriboEnLeonardo

“La única película que he escrito desde la primera a la última palabra y que he podido realizar libremente es Ciudadano Kane”
Orson Welles

I
El magnate de la prensa Charles Foster Kane muere en su gran mansión, acompañado solamente por sus sirvientes. Al momento de fallecer Kane pronuncia una única palabra: “Rosebud”. Para descubrir el significado de dicha palabra, un periodista se embarca en la tarea de entrevistarse con múltiples personas que, de una forma u otra, tuvieron alguna relación con Kane y que poco a poco van arrojando luz sobre la verdadera naturaleza del personaje.

El inicio de filmación de Citizen Kane (1941) se dio el 30 de julio de 1940, un año después de la llegada de Orson Welles a Hollywood; año que aprovechó en multiplicar sus conocimientos cinematográficos, iniciándose con las técnicas de iluminación y de sonido, descubriendo el manejo de la cámara y visionando películas clásicas sobre todo del expresionismo alemán de los años 20 y las películas de John Ford.

“Tuve la fortuna de contar con Gregg Toland, uno de los mejores directores de fotografía del mundo, y la fortuna de un reparto de actores que jamás habían trabajado en el cine. Nunca habría podido hacer Citizen Kane con estrellas de cine, porque me habrían objetado en seguida. Sólo fue posible porque yo tenía mi propia familia, por así decirlo”.

“Durante los primeros días de rodaje arreglé yo mismo las luces; creía que el director debía hacerlo todo. Gregg Toland no decía nada y discretamente arreglaba un poco las cosas a mis espaldas. Me dijo: ha sido interesante ver cómo disponía las luces una persona que nunca lo había hecho. Lo ha dispuesto todo de manera lógica, de acuerdo a sus ideas sobre el film”.

 “Las innovaciones técnicas de Citizen Kane fueron debidas a mi ignorancia, a mi inocencia. Me dije que eso era lo que la cámara, de forma natural, debiera ser capaz de captar realmente. Tuvimos que fabricar ciertas lentes especiales para conseguir lo que queríamos. Los decorados con techo también fue idea mía. Hubo que construirlos de un material muy ligero, porque el micrófono se movía por encima de ellos”.

 

Cuando Orson Welles emprende el montaje de Citizen Kane, a finales de octubre de 1940, ayudado por Robert Wise y Mark Robson, se presenta un gran inconveniente: Louella Parson, corresponsal en Hollywood de muchas publicaciones del magnate de la prensa norteamericana William Randolph Hearts, advierte que la película está inspirada directamente en la vida del millonario, y éste intenta prohibir el estreno del film.

II
Citizen Kane significó la renovación del cine, y su valoración se ha ido afirmando con el transcurso de los años. Al verla hoy, como un clásico, encontramos una forma moderna de narración cinematográfica y una estimación y aprovechamiento de los medios expresivos. Welles se propuso en primer lugar conseguir que el espectador participase activamente en el film, que no se sentara cómodamente en la butaca dispuesto a recibir todo lo que se había creado; hacerle trabajar, seleccionar, formar él mismo “su” película.

La estructura de Citizen Kane se presenta en piezas, como las de un rompecabezas, en la que el célebre “Rosebud” es sólo una parte, pero no la más importante. El guion intenta mezclar el estudio del carácter y la personalidad de un hombre público con una apología y critica del capitalismo, de la civilización basada en el dinero, pero de una forma múltiple a través del reportaje.

La encuesta periodística para descubrir la personalidad de Kane, los diversos aspectos y puntos de vista que se nos muestran de su vida y de sus relaciones con los demás, la palabra Rosebud, añoranza de una infancia perdida sólo nos sirve para llegar a algo muy querido e importante para Welles: el individualismo. El individuo Kane no logra integrarse a la sociedad, una sociedad que Welles nos presenta con una concepción bastante ingenua, idealista y esquemática. El individualismo es la base de la moral del film.

El contenido de la obra, sus elementales planteamientos éticos, no logran igualar a la importancia de la forma, que termina imponiéndose en Citizen Kane. La forma tenía, desde el principio, la misión concreta de meter al espectador en la realidad de la trama. Con la notable ayuda de Gregg Toland, introdujo el uso de grandes lentes angulares para obtener una ampliación del campo visual, que llegaba a ser similar a la visión ocular.

Esta visión la complementó con una profundidad de campo sonoro, y una composición espacial de forma muy similar a la composición perspectiva del escenario teatral. De esta manera colocaba al espectador en el centro de la acción y éste podía asistir a diferentes puntos de interés, que producían las diferentes interpretaciones de lo expuesto en escena.

El “plano-secuencia” le sirve a Welles para hacer resaltar la importancia de determinados hechos de la correspondencia entre los personajes. La visita de Thatcher a casa de los Kane, la lección de Susan y su intento de envenenamiento, son claros ejemplos.

El empleo de la luz, como complemento importante para crear y desatacar valores, en forma parecida a como fue usada en todo el cine expresionista. La importancia del decorado y los objetos como elementos creadores, capaces de describir y descubrir al personaje.

En el montaje, Welles, concreta aún más su estilo narrativo. El mismo lo reconoce afirmando que la única “mise en scene” de importancia se realiza en el montaje y que lo esencial es la duración de cada imagen y lo que sigue a cada imagen. Es un montaje corto, un montaje “shock”, basado en la violencia del ritmo de las imágenes. Welles usa los fundidos, encadenados, sobreimpresiones, que son procedimientos ya viejos pero que en Citizen Kane tienen una mayor razón de ser y están en función de la narración. Es un montaje metafórico y abstracto.

III

Ciudadano Kane es una pieza completa, perfecta, creada en absoluta e irrepetible libertad, marcada en cada uno de sus aspectos por la mano de un demiurgo genial. Y es que Orson Welles tenía solo 25 años cuando protagonizó, escribió, dirigió y produjo esta historia que habla de la ambición, corrupción y poder, pero también de soledad y traiciones, de sentimientos heridos donde la falta de amor es clave para entender el comportamiento de Charles Foster Kane.

Welles definió el cine como el más maravilloso tren eléctrico del mundo. Por otra parte, Hollywood, dejó que el joven genio hiciera las cosas como él quisiera y que jugara sin entrenamiento con los costosos juguetes puestos a su disposición. Sin embargo, las potentes ideas de Welles acerca de la puesta en escena, iluminación, montaje, dirección de diálogos, hubieran sido sólo quimeras si no se hubiera dispuesto de otros talentos para el diseño artístico y técnico en estas áreas de la realización.

Gregg Toland había hecho aportes maravillosos para directores clásicos como John Ford (Las uvas de la ira y El largo camino a casa) y William Wyler (Cumbres borrascosas). El espléndido guión, por mucho que Welles se haya negado a reconocerlo, debe gran parte de su impacto al ingenio y agudeza de Herman J. Mankiewicz. La música absolutamente efectiva e inteligente es obra del gran compositor Bernard Herrmann. El preciso montaje de Robert Wise, los bellísimos decorados de Van Nest Polglase y el asombroso maquillaje de Maurice Seiderman fueron también contribuciones indispensables a la obra.

Orson Welles no era sólo un artista sino, ante todo, un hombre de espectáculo y Ciudadano Kane no es una tesis de grado sino una pieza de delicioso entretenimiento; en realidad una verdadera comedia, una comedia que lanzaba dardos concretos a personajes importantes de la sociedad americana de comienzos de 1941, particularmente a uno. Aquí entra la figura de William Randolph Hearst, el modelo que Mankiewicz y Welles tomaron para crear su personaje de ficción Charles Foster Kane. Hearst quedó ligado indisolublemente a la historia de esta película y es probable que, con los años, ella sea la única razón de recordarlo.

La película no es sátira, y mucho menos un retrato negativo. Es mucho más que eso: un fresco de la condición humana y sus contradicciones, del idealismo y el poder, del amor y la soledad, de la búsqueda de metas y la corrupción de los mejores sueños.

El 9 de abril de 1941 se estrena simultáneamente en Nueva York y en Los Ángeles. La acogida de la crítica es entusiasta, pero no la del público, que es más reservada. El boicot publicitario, por una parte, y por otra la complejidad estructural de la obra, hicieron que la acogida del público resultara, más bien, decepcionante.

A propósito de…

Mank (2020), dirigido por David Fincher, ya está en Netflix, no es un largometraje sobre Welles o sobre la autoría de Ciudadano Kane. Mank no habla de una disputa. Habla de un hombre, un profesional y del vuelco que dio su vida cuando conoció a un joven genio.

Herman Jacob Mankiewicz tenía 43 años en 1940. Era brillante, ingenioso y un borracho crónico. Nunca había escrito nada ni remotamente como Citizen Kane, y nunca lo volvió a hacer, pero estaba intrigado por el esquema de una película sobre un gran triunfador estadounidense, al igual que estaba fascinado por el escandaloso e infantil Orson Welles.

Orson estaba lleno de ideas. Pero supuso que sería mejor escribirlo sin su presencia. Mank había tenido un accidente de tráfico. Con una pierna rota en tres partes, necesitaba reposo en cama. Por lo tanto, Mank sería enviado a un rancho en el desierto con una buena secretaria para escribir un borrador del guion. Pero Mank era incorregible, y no exactamente disciplinado. Necesitaba cuidado.

Welles viajó a Nueva York y desesperadamente suplicó a su compañero y gran amigo John Houseman que volviera a Los Ángeles para controlar a Mankiewicz y el plan de escritura. Welles temía que los problemas con la bebida de Mank afectasen al guion.

Mankiewicz, durante su convalecencia, había revivido una idea gestada hacía tiempo sobre hacer una película biográfica en la que la vida de un hombre sería llevada a la pantalla después de su muerte a través de los recuerdos y opiniones de quienes mejor lo conocieron. Y las nuevas ideas de Welles encajaban bien con este concepto y había considerado que un editor de periódicos era la opción ideal para la historia

«He estado prestando atención a un viejo concepto, la idea de contar varias veces la misma cosa y mostrar exactamente lo mismo desde puntos de vista completamente distintos. A Mank le gustaba la idea, así que empezamos a buscar el hombre sobre el que iba a tratar la historia […] alguna gran figura estadounidense […] Howard Hughes fue nuestra primera opción. Pero pronto nos fijamos en los magnates de la prensa».

El proceso de escritura comenzó a finales de febrero o principios de marzo y concluyó a comienzos de mayo de 1940. ​ Aún incapacitado con la pierna rota, Mankiewicz estaba contento de trabajar con Welles y se formó una alianza entre ellos, según hizo notar Houseman. Esta combinación de «un nuevo director con desparpajo, un estudio nervioso y un genio errático» dio lugar a Citizen Kane en lo que Houseman llamó «una absurda aventura». ​

 

 

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