El poemario se presenta este miércoles 22 de febrero en la librería El Virrey con la participación de Victoria Guerrero y María Luisa del Río, junto con Alessandra Pinasco y el autor.
Templanza es el nuevo sello editorial de Central Satélite que se suma al Álbum del Universo Bakterial, uno de los sellos centrales de la poesía peruana contemporánea, que el año pasado celebró 20 años de trabajo editorial.

Como decía el entrañable Marco Aurelio Denegri, antes de entrar en materia, lo primero que queremos comentar es que se trata de un libro de exquisita factura.
Hay en su impresión una suerte de orfebrería artesanal que remite a tiempos pre cibernéticos y, de alguna manera, un regreso a las fuentes primigenias de lo que supone hacer un libro como tal.
Leímos el título y por esas extrañas conexiones que propone la memoria, fuimos directo a esa maravilla escrita por Umberto Eco, El nombre de la rosa, cuando en las páginas finales, el Abad -habiendo atado todos los cabos- habla del lenguaje de las gemas y le pide a Guillermo de Baskerville que deje la investigación que venía haciendo. Descubrimos así, frases como: Esta es la amatista, ese espejo de humildad que nos recuerda la ingenuidad y la dulzura de San Mateo. O…amatista, mezcla de rosa y azul, por el amor de Dios.

Pasado el momento de la conexión sináptica, abrimos el libro y nos encontramos con el texto que está en la solapa de la carátula: palabras que vuelan por sí solas nos dicen que leeremos versos y que ingresaremos, literalmente, en otro universo.
La poesía no es una cosa
que brota mágicamente.
Mágicamente, un atisbo
se desliza en una mente
humana y es labrado por
manos humanas; el poema
luego existe en el universo.
Luz violeta vuelta lluvia, es
alcanzado por una persona a
otra y así apaga los incendios
y la sed. La poesía es también
eso que sucede cuando sol
y cielo son una misma ola
blanca e incandescente.

Hay en la poesía de González-Olaechea rastros de otros poetas, de otros libros y de otras vidas, pero ojo, supervive la suya, asoma su voz y dice aquello que quiere y tiene que decir. La escritura de los quince poemas se sustenta en un trabajo llevado a cabo con prolijidad, humildad y un compromiso ineludible con (su) la vida misma. Lo manifiesta en No tengo prisa: Un poema se justifica / si puede ser usado. Lo refrenda versos más adelante, Corrijo: escribir un poema es escribir un poema.
La poesía te elige y cuando aceptas la elección, no hay vuelta atrás.

Gracias al poeta hemos leído los ecos de voces que ya no están, pero que siempre están, Cisneros, Hinostroza, Watanabe, Paz y otras que aún transitan por el mundo.
El Color de la Amatista refulge por sí solo, es un libro hecho con convicción, que tiene, como tantos otros en el mundo, una serie de idas y vueltas, de historias propias, prestadas y robadas.
Que Templanza inicie su camino editorial con este título, perfila su intención y encuentra absoluta correspondencia en su simbología: la mujer alada en el arcano que lleva el mismo nombre en el tarot de Marsella —la que vierte agua de su pequeña jarra para contribuir a una jarra mayor.
Desde Leonardo, valoramos y admiramos su manifiesto: vemos la poesía como un bien esencial, y el acto de publicar como un servicio. Un poema es un medio de salvación: para quien lo escribe, para quien lo lee. A través del tiempo, la poesía pasa de mano en mano; así, nos ayuda a apagar los incendios que nos presenta la condición humana, nos alivia la sed, nos limpia y nos despierta, como un baldazo de agua fría. Como el agua en la que se tiempla una espada recién salida de la forja.
Las claves
El autor
Fernando González-Olaechea
Nació en Lima en mayo del ‘86. Estudió Ciencias de la Comunicación y está cursando una maestría en estudios culturales. Es periodista y poeta, y actualmente trabaja en investigación de diseño de productos y servicios. Su primer libro, Postales, se publicó en 2014. Poemas suyos están incluidos en la antología de poesía Somos los que somos (2019). Actualmente está trabajando en una plaqueta.

El sello editorial
Templanza
La dirección editorial está bajo el cuidado de Alessandra Pinasco. Arturo Higa Taira está a cargo del diseño editorial y el cuidado de edición. Los libros de Templanza cuentan con ilustraciones hechas especialmente por el artista Bruno Cafferata.
Como un homenaje a las colecciones de literatura de décadas pasadas, todos los libros compartirán un mismo formato y diagramación, aunque con elementos gráficos particulares para cada volumen.

