“Londres, 11 de abril de 2016. En medio de la crispación y la desconfianza producidas por la Gran Guerra, se oye el estruendo de la ráfaga disparada por el Tercer Batallón de la Guardia Escocesa. Poco antes de la siete de la mañana, el empedrado del patio de la Torre de Londres, se tiñe con la sangre tibia de Ludovico Hurwitz, un comerciante peruano de ascendencia judía, nacido en el Callao”. Sería el último hombre fusilado en este histórico lugar durante la Primera Guerra Mundial.
El último en la torre (Editorial Planeta, enero 2022), el libro más reciente de Hugo Coya (Lima, 1960), escrito en clave de novela negra, acopia una rigurosa investigación en torno a lo acontecido aquella mañana de abril de hace más de un siglo. 

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“Como la mayoría de los hechos narrados son reales, fue un gran reto reconstruir la vida de cada uno de los personajes, sus motivaciones, aquello que ocultaban. Fue un camino muy empinado para hacer hallazgos, detectar vacíos en la investigación policial y el proceso judicial, así como el papel que cumplieron las autoridades británicas y peruanas. Tuve que leer numerosos documentos, entrevistar a decenas de personas, entre ellas a familiares de algunos de los involucrados; hurgar en atestados policiales, registros judiciales, etc. Fue una tarea compleja que me llevó, entre la investigación y la escritura, poco más de tres años”, comenta el autor iniciando la conversación.

¿Cómo fue el proceso de escritura?
Mientras recopilaba la información, hacía fichas, luego bosquejé una estructura, el esqueleto probable. Así me resultó un poco más fácil ir avanzando del inicio hasta el fin. Posteriormente, volví una y otra vez a fin de corregir, modificar o añadir una acción o hecho que haya omitido. Aunque suene a cliché o frase hecha, la escritura es un proceso solitario en extremo. La soledad es el mejor aliado del escritor. Debe aislarte por completo si deseas introducirte en el universo que uno crea dentro de un libro. 

¿Cómo perfilaste a los diferentes personajes situándolos en el contexto histórico?
He tratado de ponerme bajo la perspectiva del lector con la información necesaria para que conozca y reconozca a cada uno de ellos. Sin embargo, no llenándolo de detalles innecesarios a fin de que sea él o ella quien llene los espacios en blanco. Además del peruano acusado de espía, están los dos jefes policiales ambiciosos y que se disputan el caso; el brasileño y el uruguayo acusados también de espías, cuya suerte dependerá el peruano; una anciana asesinada años antes y que su crimen se volverá relevante para dilucidar uno de los misterios; la familia peruana y que, de la noche a la mañana, es sacudida al descubrir que uno de sus hijos es acusado de espiar para los alemanes; jueces, fiscales, diplomáticos británicos y peruanos, influidos por sus vivencias pasadas al enfrentar el enredo. En fin, un plato lleno al mejor estilo de una novela histórica.  

¿De qué manera organizaste tus lecturas durante el proceso?
Soy un lector ávido y escribo libros que me gustarían leer, historias que casi no encuentro, que revelan la participación peruana en hechos cruciales para la humanidad y, sobre todo, si dichos acontecimientos se conocen poco o nada. Al enterarme del increíble caso de este peruano en la Primera Guerra Mundial, me impresionó tanto cada uno de los detalles en su torno que no pude dejar de indagar e investigar más, más, más.
Leí todo lo que pude sobre ese oscuro periodo desde libros de historia hasta novelas, pasando por periódicos, revistas, ensayos académicos. 

Hugo Coya, autor de El último en la torre.

Según hemos leído, la novela nace de una anécdota que comparten contigo unos amigos que visitaban la torre de Londres, ¿imaginaste que terminarías escribiendo tu primera novela negra?
– Por supuesto que no. Quien me da la primera información sobre ello fue el periodista Aldo Mariátegui. Él visita el Imperial War Museum de Londres. Conocedor de mi interés por la participación de los peruanos en acontecimientos mundiales, me envía una foto por WhatsApp con la breve información que aparecía en un cartel. Allí se señalaba que la última persona fusilada en la Torre de Londres era un peruano. Eso despierta mi curiosidad. Inicio la indagación sin mayores pretensiones, busco archivos, indago acerca de posibles familiares, hago entrevistas, viajo. Cuando me doy cuenta de que había acumulado una buena cantidad de información, me surge la necesidad de escribir. Que todo el mundo conozca los hechos.  

¿Qué obras y autores de este género son los que más te impactaron?
– Antes de iniciar el proceso de escritura, leí el mayor número de novelas negras, policiales, de espías. Descubrir, por ejemplo, cómo algunos de los escritores que más me gustaban las habían formulado. Recurrí a Patricia Highsmith, quien es una maestra del suspenso, a Agatha Christie; Blas Ruiz; Conan Doyle; Joseph Conrad, Graham Greene, entre otros. 

¿Qué personajes recuerdas con mayor nitidez?
– En realidad, cada uno de los personajes poseen características singulares y, por supuesto, algunas comunes. Todos existieron, interactuaron y estuvieron involucrados en mayor o menor medida dentro de la novela. Si he de destacar a alguno, me quedaría con el espía peruano por su personalidad fría, calculadora, aparentemente por encima de cualquier sospecha. También con James Stevenson, el jefe policial irlandés que se obsesiona con el caso no porque tiene la necesidad de demostrar a los ingleses que puede ser tan o mejor policía que ellos, sino porque está seguro de que está frente a un criminal frío y despiadado que merece ser condenado. Stevenson es, pues, una especie de «Inspector Javert» en «Los Miserables», pero en diferente contexto y ciertas peculiaridades.

 

Los hechos que narras sucedieron hace más de un siglo, sin embargo temas como el racismo, los prejuicios sociales y el antisemitismo se expresan con una claridad que lo que sucede ahora pareciera un calco de aquellos días, ¿no sientes que la novela retrata algo que parece repetirse circularmente?
– Esta novela revela varias verdades ocultas. El lector se encontrará con varios hechos que parecerán falsos. Hay sucesos absurdos, supuestas mentiras flagrantes, y serán completamente verdaderos. O viceversa. He tratado de colocar sobre la mesa algunos de los temas que siguen vigentes a pesar de los años. Así tenemos el antisemitismo que se refleja en cada interrogatorio hacia Ludovico Hurwitz, y en el discurso de un sacerdote que cree que son los enemigos. También el clasismo de la aristocracia limeña no puede aceptar a alguien de distinta posición social. O el racismo que marca la llegada de Natasius, el padre de Hurwitz, y la guerra civil en Estados Unidos. 

Has mencionado que esta novela la escribiste durante los días más crudos de la pandemia, ¿qué sentimientos tienes ahora con el libro ya impreso, en librerías y en manos de los lectores?
La escritura, al igual que la lectura, es y siempre será gran refugio en tiempos sombríos. La cercanía de la muerte, el perder o temer perder a un familiar, amigos, compañeros de trabajo han sido devastadores desde el inicio de la pandemia. Hubo días en que sentía que las palabras brotaban y se transformaban en hermosas oraciones a modo de evadirme de lo que sucedía, escapar a una realidad tan terrible que no puedes manejar.
Otras veces, sin embargo, me enteraba de algo terrible sea porque alguien me llama a contármelo, me pedía ayuda porque necesitaba un balón de oxígeno, una cama UCI. O lees, escuchas, miras las noticias. Allí me resultaba articular una simple frase. Pasaba horas frente a la pantalla del computador, ponía una letra, la borraba, volvía y, cuando me daba cuenta, el día se había acabado. 


Entonces, publicar esta novela representa mucho más que un libro. Representa, sobre todo, mi esperanza de que periodo oscuro concluya, el inicio de una vuelta de tuerca, la promesa de que la mejor etapa de nuestras vidas está por comenzar.  


En la penúltima página del libro hay unas líneas que me permito transcribir: “La historia es una ventana que se abre y se cierra de una determinada manera, dependiendo de quién la registra. Las verdades se confunden con mentiras, hasta que alguien las descubre y las reescribe”. ¿Sientes que la novela reescribe parte de una historia y coloca en el lugar real a las personas que existieron en ese momento?
– No todas las novelas lo hacen. Sin embargo, si se trata de una novela histórica o una que se basa en hechos reales, es verdad que algunos autores lo hacen con algunas escenas, siempre y cuando ellas pudiesen haber ocurrido. Todo ello condicionado, asimismo, al punto de vista que el escritor posee sobre un determinado suceso. La novela permite tomarte licencias, algunas libertades, pero deben encajar en la trama general de los hechos narrados. En “La guerra y la paz”, por ejemplo, Tolstoi usa a Pierre para narrar la ocupación de Moscú. Así, él observa la escena y formula planes, pero no consigue asesinar a Napoleón. De este modo, Tolstoi consigue narrar, de modo magistral, el incendio de Moscú.

Eres periodista, escritor, productor de cine y de televisión, pero en esta novela eres también un historiador, ¿qué es lo que más te fascina de la Historia?
– En realidad, la Historia siempre me gustó desde muy pequeño. Me gustaba leer libros enormes sobre importantes sucesos de la humanidad. Quizás, si no hubiera sido periodista y productor, sería historiador. Con mis libros, trato de compensar, en algo, esa vocación. 

“Estación final”, obra de tu autoría, será llevada al cine, ¿cómo va avanzando la producción de la misma?
– El proyecto estuvo avanzando un poco lento por distintos factores y problemas de financiamiento. Luego vino la pandemia que atrasó varios proyectos cinematográficos, pero ahora lo hemos retomado de nuevo. El guion está prácticamente listo y espero que en los próximos meses haya anuncios al respecto. No puedo adelantar más detalles por razones contractuales. 

¿Podrás leer el guion de la adaptación y sugerir algunas ideas?
– De hecho, es lo que he venido haciendo desde el principio. Como soy también productor, soy consciente de que, al ser lenguajes distintos, una obra audiovisual será diferente de un libro en algunos aspectos. Lo importante es que mantenga el espíritu del libro y esa es mi función.  

¿Imaginas “El último en la torre” en el cine? ¿O en una pulcra miniserie como las que produce la BBC?
– Como tengo comunicación frecuente con los lectores de mis libros, he recibido sugerencias y comentarios en ese sentido. Por supuesto que me encantaría. Ojalá que pudiéramos convertir a mi novela en una buena serie. 

¿Qué te sigue emocionando, Hugo?
– La investigación que hago para mis libros son el reconocimiento de mi propia ignorancia sobre un determinado hecho. Eso me emociona. Me pregunto ¿cómo no supe esto antes?, ¿de verdad ocurrió? Me fascina el descubrimiento, la revelación. Deseo que eso mismo sienta una persona al momento de leer uno de mis libros. Cuando lo consigo, ello me emociona profundamente. 


ALGO MÁS SOBRE HUGO COYA
Es escritor, periodista, productor de cine y televisión. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima y obtuvo un máster en Periodismo por el Instituto Internacional de Ciencias Sociales de San Pablo (Brasil).
Formó parte del equipo fundador de CNN en Español; fue corresponsal y editor del Servicio Latinoamericano de la United Press International (UPI); ha sido productor general y director periodístico de, entre otros, América Televisión y Latina Televisión; director de los diarios La Industria de Trujillo y El Peruano; presidente de Editora Perú y del Instituto de Radio y Televisión del Perú. Ha dictado, además, cursos de Periodismo en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Actualmente es director general de la empresa de proyectos para cine y televisión Del Barrio Producciones. Sus artículos han aparecido en El Comercio, Perú21, El Mercurio de Chile, O Globo de Brasil, El Nuevo Herald de Miami, Jornal de Notícias de Portugal y El Mundo de España, entre otros medios.
Estación final (201) fue su primer libro, y es autor también de Polvo en el viento (2011), El periodista y la televisión (2014), Los secretos de Elvira (2014), Genaro (2015) y Memorias del futuro (2017).

Por Leonardo

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